Trasladarse o moverse del medio rural, donde suele rebosar la tranquilidad, a una gran urbe puede generar rechazo, ansiedad e incluso miedo. Aunque no es un trastorno específico reconocido en los manuales clínicos como tal, podemos incluir los síntomas que genera este cambio dentro de un trastorno adaptativo. Especialmente, si surge tras un cambio de vida importante, como mudarse. Es un cuadro temporal que suele mejorar en unos meses, una vez la persona logra adaptarse o encuentra estrategias para manejar la situación.

Las personas que lo padecen experimentan ansiedad o estrés, con sensación de estar abrumado constantemente; miedo, aunque no haya un peligro real inmediato; irritabilidad o problemas de concentración y de sueño derivados del ruido o del propio estrés o evitación de ciertos lugares. En algunos casos, puede darse incluso una tristeza prolongada, debido a la dificultad para adaptarse, o necesidad de aislamiento.