El FOMO consiste en sentir que uno se pierde eventos o experiencias. Puede generar malestar, presentando síntomas ansiosos, irritabilidad, dificultad para concentrarse y una autoimagen empobrecida. Esta reacción es más frecuente en personas con baja autoestima, dependencia interpersonal o neuroticismo (la tendencia a experimentar emociones negativas, como ansiedad, tristeza, irritabilidad y preocupación). También puede acentuarse debido a factores contextuales, como el uso excesivo de redes sociales.
Por el contrario, otras personas experimentan el JOMO, una sensación de bienestar producida al escoger no participar en actividades sociales. De esta forma, esta ausencia se percibe como un acto de autonomía, autocuidado y priorización personal. Se relaciona con una mayor autorregulación emocional, seguridad en la identidad y valoración del tiempo personal como recurso escaso y significativo. El JOMO podría interpretarse como una expresión saludable de límites psíquicos, particularmente en personalidades con un sentido claro del yo y con estrategias maduras de afrontamiento.