Convertir la soledad en disfrute no significa ignorar las emociones difíciles que puedan surgir, sino transformarla en un espacio de auto-conexión, creatividad y calma. Es importante cambiar la perspectiva de «estar solo» a «estar contigo», entendiéndolo como la libertad para hacer las cosas a tu manera, siendo un refugio donde reconectar contigo y no focalizarte en la ausencia de otros. A veces, el problema no es la soledad, sino que no sabemos cómo llenarla de sentido.
Para ello, debes responderte a preguntas como ¿qué me gustaba hacer de niño que dejé de lado?, ¿qué actividad siempre quise probar pero nunca me animé? o ¿qué me hace sentir pleno, aunque esté solo? También puedes pensar en cualquier situación que genere una emoción, positiva o negativa, y pensar si es posible transformarla en algo que te haga invertir tiempo disfrutando.